El próximo 16 de septiembre se cumplen 43 años de la Noche de los Lápices. Así se llamó al secuestro de diez estudiantes de entre 14 y 17 años de edad en La Plata por parte de los genocidas de la última dictadura cívico-militar.

Francisco López Muntaner, María Claudia Falcone, Claudio de Acha, Horacio Ángel Ungaro, Daniel Alberto Racero, María Clara Ciocchini, Pablo Díaz, Patricia Miranda, Gustavo Calotti y Emilce Moler eran estudiantes secundarios que habían encabezado la lucha por el boleto estudiantil y lo habían conquistado en 1975. Eran parte de una juventud que se sabía protagonista de su futuro, que formaba parte de la pelea de toda la clase trabajadora que buscaba la construcción de un mundo más justo. Eran hijes del Cordobazo, de la Revolución Cubana, del Mayo Francés y de un mundo que se encontraba movilizado.

En septiembre de 1976 un operativo llevado adelante por el Batallón 601 del Ejército, con la policía bonaerense al mando de Camps y Etchecolatz les secuestra y desaparece. Cuatro de elles sobrevivieron: Gustavo Calotti, Emilce Moler, Patricia Miranda y Pablo Diaz. Desde las Fuerzas Armadas intentaron desaparecerles para borrar la historia de un pueblo que lucha pero nunca lo lograron. Aunque pudieron imponer gran parte de su plan económico al servicio de les empresaries como la familia Macri, hoy Echecolatz está preso y el boleto estudiantil es una realidad. Y cuando quisieron beneficiar a este represor dándole prisión domiciliaria, volvimos a salir a las calles y lo mandamos nuevamente a una cárcel común.

Recordar estos hechos no sólo aporta a construir la memoria colectiva para evitar que se repitan, sino que también nos ayudan a pensar las formas de la lucha hoy. En las recientes Jornadas de la APSS, en una de las mesas simultáneas “Políticas públicas y sociales”, un grupo expuso su trabajo en relación a la necesidad de que exista un boleto sanitario como forma de garantizar el derecho a la salud, y se trajo a debate esta experiencia histórica.

La juventud luchaba por el boleto estudiantil porque entendía que era parte fundamental de lo que debía garantizar el Estado para cumplir con el derecho a la educación. Y así fue, con su lucha y todas las peleas que continuaron su camino, que se conquistó el boleto estudiantil.

Día a día como trabajadoras de la salud vemos cómo la situación económica impacta en el estado de salud de la población y cómo las barreras para el acceso a la atención de la salud son cada vez más, hasta llegar al extremo de que las personas no alcanzan a pagar el boleto de colectivo para concurrir a los efectores de salud. Por lo que planteos como la existencia de un boleto sanitario se vuelven cada vez más ineludible.

Francisco López Muntaner, María Claudia Falcone, Claudio de Acha, Horacio Ángel Ungaro, Daniel Alberto Racero y María Clara Ciocchini están presentes en nuestra lucha cotidiana contra este sistema que nos quiere imponer la injusticia como norma.